El baño del bar

Era jueves y nos habíamos quedado de ver en un pequeño y poco recurrido bar en el centro de la ciudad.

Entre un par de cervezas y un recorrido por el baúl de los recuerdos, las risas no tardaron en parecer y tampoco aquellos recuerdos de batallas que dejaban saldos rojos de sábanas y una que otra prenda que habían pagado los platos rotos del frenesí de nuestros encuentros poco peculiares. Al mismo tiempo de que la cerveza bajaba, la temperatura en nuestras conversaciones subía y, por supuesto, nuestros cuerpos cada vez se juntaban más hasta que no pudimos contener las ganas de tener mas allá de los recuerdos.

El bar contaba con poco personal y poca clientela, que a su vez se encontraban en la zona de terraza, lo que hizo fácil una escapada al baño sin ser muy tomados en cuenta.

Nos metimos al baño de damas, que por cierto era diminuto, pero nuestros cuerpos ya estaban acostumbrado el uno al otro y se acoplaron como en los viejos tiempos.

Él me besaba con pasión y con prisa, sintiendo el rush del momento, entre el rock que amenizaba y las risas al fondo del bar.

Con ambas manos levantó mi blusa, dejando al descubierto mi sostén de encaje rojo y pedrería, dio un ligero vistazo a lo que tenia en frente y después de acariciar mis senos sobre el sostén, bajo su mano hacia mi pantalón para desabrocharlo y después introducir su mano por el mismo.

Acercó su cara a la mía y en susurro casi inaudible aceleró los latidos de mi corazón.

-Te extrañé mucho.

Liberé la erección atrapada en su pantalón y con mi mano lo manipulaba de arriba hacia abajo.

-Mi cuerpo también extraña al tuyo.

Mientras él tocaba mi sexo por debajo de mi pantalón yo seguía manipulando su erección, que era tan grande como la imaginaba en uno que otro encuentro conmigo misma.

Continuaba besándome y tocándome los senos hasta que me tomó por la cara y me dio la vuelta contra la pared. En aquel diminuto espacio, nos acomodamos para que mi cuerpo quedara a perfecta altura contra el suyo. Dio un tirón de mi pantalón para después pasar su mano por mi trasero.

-Te ves muy bien.

Después bajo lento mi lencería de encaje rojo y sentí su miembro acercándose a mi sexo y frotó su erección contra mi sexo un par de veces humedeciéndome cada vez más.

En un momento de excitación total, puso su mano sobre mi cuello y tiró de él ligeramente hacia arriba obligándome a ponerme de puntitas y llevar mi cara contra el azulejo de aquel diminuto cuarto. Sentí de inmediato su penetración, al punto que era imposible contener un jadeo fuerte, llevo su mano a mi boca para callar los ruidos de excitación, que salían impertinentes de ella.

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Mi cuerpo chocaba contra el dispensador de papel higiénico a cada embestida, que aceleraba de ritmo y fuerza con cada repetición. Mi cuerpo poco a poco se ponía tenso y mis músculos se contraían mientras mis manos y pies comenzaban a hormiguear, sabía que mi explosión estaba cerca.

Nuevamente llevó su mano a mi cuello sobre mi pecho y con su fuerza llevó mi cabeza a su hombro e hicimos un ligero contacto visual hasta que cerré los ojos, puse mis manos contra sus piernas y apreté con fuerza sintiendo como me venía.

-Me voy a salir.

Giré mi cuerpo para encontrarme frente a él y miré hacia su erección culminada, él hizo un gesto que llevó mi cara hacia su erección y lo introduje en mi boca succionando un poco, después me reincorporé y comencé a acomodar mi ropa en su lugar original.

Con el cuerpo aún tembloroso salí para lavarme las manos y después retomamos nuestros asientos en el bar.

 

 

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Conflicto

Era tarde cuando llegamos a su departamento, apenas entró el coche al garage y la cortina del mismo comenzó a bajar. Después de ayudarme a bajar, me empujó contra el coche y me besó como jamás lo había hecho, tantos años juntos y se sentía como la primera vez.

Sus manos recorrieron mi cuerpo desde las piernas hasta mi cuello, apretó de él y lo besó intensamente. Tomó mi mano y nos dirigimos hacia su departamento.

Me pasee un poco por aquel departamento, donde a pesar de la historia, jamás había estado en él, no en esa situación, quizá algunas fiestas donde pasé desapercibida entre la multitud. Dejé mi chamarra en un pequeño sofá individual, él mientras vaciaba sus bolsillos y destapaba un par de cervezas en lata.

Mis manos sudaban, la temperatura de mi cuerpo se elevaba a pesar de que por mis brazos recorría un aire frío, muy otoñal.

Se sentó a mi lado y platicamos por un momento. Tenerlo tan cerca me ponía nerviosa y encendí un cigarro y bebí a sorbos largos de la cerveza. Me acosté un poco y recargue mi espalda en la cabecera, él se acerco y besó mi cuello, puso mi cerveza en el buró y apagó mi cigarro en la lata y luego siguió besándome hasta que su cuerpo aprisionó el mío. Metí mis manos por debajo de su camisa y la deslicé por sus hombros, el terminó de quitársela, seguida por su playera negra.

Me puso en pie y me quitó mi blusa de una manera alocada, ni siquiera me lo esperaba, de igual manera quito mis pantalones y me tumbó sobre la cama, se puso sobre mi, su peso acorralaba mi cuerpo. Empujó varias veces su erección contra mi, pasó un dedo por mi sexo y lo introdujo lentamente, yo respiraba con dificultad al tener el peso de su cuerpo sobre mi, pero aun así salían pequeños gemidos al compás del movimiento de su dedo en mi interior.

Mi espalda se curveaba luchando contra su peso, mis uñas de hundían en sus brazos y mis ganas de él incrementaban, el placer era alucinante, pero quería mas, quería que me penetrara de una vez por todas.

Se puso de pie, se quito lo que quedaba de su ropa e introdujo lentamente su miembro en mi, después de un par de embestidas lentas, tomó un ritmo acelerado. Libero mi cuerpo y me tomo de las piernas, llevando mi cuerpo contra él en repetidas ocaciones. Se detuvo y tomo de mi brazo girando mi cuerpo contra la cama, jaló mi cuerpo hacia él y puse las puntas de mis pies en el piso para sostenerme y elevar un poco mis caderas, me penetro y nuevamente aprisionó mi cuerpo contra la cama llevando todo su peso a mi espalda. Sentía su respiración acelerada detrás de mi oreja, tiró de mi cabello contra él y sus embestidas aceleraban el ritmo y aunque su peso dificultaba mi respiración, mis gritos no quedaban ahogados.

Después de un rato de tenerme ahí sometida contra la cama, el tomó fuerte de mi brazo y me puso en pie para después quitarme todo lo que quedaba de mi outfit de aquella noche y me dirigió a la regadera. En lo que salía el agua caliente me empujó contra el azulejo del baño, tomó de mi pierna y la puso al rededor de su cadera y volvió a penetrarme con fuerza hasta que el baño se llenó de vapor.

Entramos en la regadera y en seguida coloco mis manos contra la pared, tomó de mi cara con fuerza y me embistió nuevamente, pasó una mano sobre mi cintura y estimuló mi clítoris con un dedo, mientras su otra mano permanecía apretando de mi cara, introduciendo uno de sus dedos en mi boca, yo lo chupaba a ratos y a ratos gemía con la intensidad de sus embestidas.

Alejó su cuerpo de mi y puso sus manos en mi cadera y de vez en cuando entre embestidas me daba una que otra palmada en el trasero. Después de un tiempo me giro de frente a él, tomo de mis piernas y me cargó, las apreté fuerte al rededor de su cintura, llevó mi espalda contra la pared y pude detenerme de una pequeña barra que se encontraba sobre mi y me embestía con lentitud, pero muy duro, cada embestida hacia que entrara agua a mi boca, estaba instalada en uno de los mejores orgasmos que jamás había sentido. Colocó mis pies en el suelo nuevamente y se acercó para besarme, apretó uno de mis senos y me dijo al oído.

-Quiero venirme en tu cara.

Me empujo ligeramente de los hombres hacia el piso y miré a sus ojos, el fuego en su mirada me sofocaba mientras sentía lo caliente de su flujo que circulaba por mi cuerpo gracias al agua que salía de la regadera.

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Cumple de mi amiga

Era el cumpleaños de mi mejor amiga e hizo una reunión en su casa para celebrarlo. Llegué tarde después de una cita casual por el centro de la ciudad. Después de abrirme a puerta, me presentó a todos sus amigos, entre ellos a aquel que días atrás había dejado moretones en mi cuerpo y que aún dolían, obviamente lo saludé como si casi no lo conociera y seguí en la fiesta… así casual.

Después de varias horas y un par de vodkas, por la ventana entraba la luz que anunciaba la mañana, hace mucho que no me la amanecía en una fiesta, para ese entonces sólo cuatro permanecíamos en pie: mi amiga, su mejor amigo, él y yo.

Entre una discusión de música y cosas de la vida, mi amiga y su mejor amigo se quedaron dormidos, entonces él y yo nos pusimos a platicar, después de unas cuantas confesiones, chistes y demás, él tapó mi boca y nariz impidiéndome respirar, después de un rato, me giro la cara hacia él, me destapó la boca y me besó, después jalo mi cuerpo hacia él, levante un poco mi vestido que llegaba hasta el piso y me puse sobre de él. Nos besamos por un largo tiempo, sus manos recorrían mi cuerpo y las mías el de él, sin importarnos que en la misma sala se encontraba mi amiga con su mejor amigo, dormidos.

Él tomó por mi cintura y me alejó de su cuerpo y luego se puso de pie, tomó mi mano y me llevó al cuarto de servicio, era un cuarto sin muebles, sólo algunas herramientas y utensilios de limpieza, se colocó junto a la puerta, de pie, recargado en la pared, me tomó del cabello y me beso como si tuviera mucha prisa, y con los mismos movimientos poco sutiles de la ultima vez que lo vi, recorría mi cuerpo, me mordía me arañaba, a veces me daba palmadas en las mejillas y una que otra nalgada.

Bajó sus pantalones y con un jalón de mi cabellera me obligó a arrodillarme, aunque ya lo había visto anteriormente sin ropa, no pude evitar sorprenderme nuevamente. Lo tomé con una mano y lentamente lo lleve a mi boca, movía mi cabeza a un ritmo acelerado, no podía dejar de sentirme apresurada por estar en el cuarto de servicio de la casa de mi amiga.

No había nada allí solo él y yo compartiendo la complicidad de otro encuentro, aun sabiendo que saliendo de ahí seríamos dos personas que poco se conocen, que poco conviven y que poco se hablan entre ellos.

Continué succionando por un tiempo, el tomó mis manos y las llevó a su trasero, lo apreté con fuerza y el llevó su cabeza hacia atrás un par de veces y luego me tomo por el cuello y me levanto la cabeza y comenzó a besarme, nuevamente me puso en pie y levanto mi vestido para tocarme, con la otra mano jaló de mi cabello, mientras me besaba y me tocaba, yo lo masturbaba con fuerza, como si reprochara lo salvaje que él era conmigo, lo apreté fuerte y mordí su labio, lo tome de la cara y lo llevé contra la pared, lo bese con fuerza y seguí por su cuello y pecho, medio mordí un pezón, el saltó. Nuevamente me tomo de cabello y de la barbilla, me beso, me dio una cachetada y me obligo a arrodillarme nuevamente y obedecí.

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Con las rodillas adoloridas y con la alfombra marcada en ellas, me puse de pie y el comenzó a besarme, tomó de mi cintura y me llevó, junto con él, al piso donde hizo a un lado mi vestido, que para esas alturas, mi largo vestido de algodón negro, me parecía de lo mas estorboso.

Me quitó mi escasa lencería de encaje y deslizó sus dedos por mi sexo, bajo la parte de arriba de mi vestido y llevo su boca a mi peco, jugaba y succionaba de mi pezón y continuaba con el otro, era como la perfecta imagen para una foto de lo mas erótica. Subió su mano hacia mi pecho, mientras succionaba de uno, apretaba el otro con fuerza.

Lleve mi mano hacia mi sexo para estimularme, pude sentir lo húmeda que estaba, encorvé la espalda mientras introducía dos de mis dedos en mi, él bajo la mirada y observó fijamente mientras lo hacía, después de un rato me miro a los ojos y mordió si labio, se puso encima de mi y quito con rapidez su pantalón, me penetro con fuerza, sentía cada envestida con mayor fuerza que la anterior, todo mi cuerpo hormigueaba y sentía el calor de su cuerpo en el mío, estaba lidiando con un orgasmo frenético, acelerado como sus movimientos.

Después de un tiempo se escuchó un ruido afuera, el se puso de pies con agilidad y subió sus pantalones, yo reía mientras lo observaba.

Hola

Era tarde y ya me había resignado a no salir un viernes por la noche cuando llego su mensaje “Ven”, corto y directo, algo que me hacia enojar ¿Acaso está aburrido? ¿Soy la única disponible? o ¿Real quiere verme? Mi mente repelaba ante su cinismo pero mis dedos respondían totalmente diferente “Voy para allá”.

Salí de mi departamento con mis mejores tacones y me dirigí a su casa, 15 minutos después me encontraba entrando a su edificio, mandando un mensaje para avisarle que había llegado, mientras subía a su piso iba contestando otros mensajes cuando levanté la mirada hacia la puerta de su departamento, ahí estaba él, esperándome en la puerta.

Apenas llegué a la puerta, se acercó a mi para besarme, de tal manera que ni siquiera me lo esperaba, estuvimos ahí afuera de su departamento un rato y poco a poco entramos sin dejar de besarnos, una vez en su sala, él me empujó contra la pared y me besó aún más intensamente. Sabía que ese beso no terminaría hasta estar en su cama.

Caminamos hacia su habitación sin dejar de besarnos, y noté que todo era distinto desde la última vez que estuve aquí. Entre besos, caricias y jalones de cabello, la ropa fue desapareciendo poco a poco, su camisa, su playera, mi chaleco, sus pantalones, los míos, todo iba quedando en la silla, en la cama y en el piso.

Con mi cabello entre sus manos, tiraba de el hacia abajo, yo sabía lo que quería y me puse de rodillas, llevé su erección hacia mi boca y empecé a succionar. Trataba de llevarlo tan profundo como pudiera, con el ritmo que los tirones de mi cabello indicaban, pero sentía que me atragantaba y lo hice a mi manera, tratando de introducirlo hasta donde mi garganta aguantara y movía mi lengua de manera circular, mientras mi mano se desplazaba de arriba a abajo.

De un tirón de mi cabellera me puso nuevamente de pie y continuó besándome, me quite los lentes y los puse en el escritorio, él nuevamente me los colocó.

-Así, con tus lentes puestos.

Lo miré y lo besé con la fuerza con la que lo extrañe estas semanas sin verlo.

Me llevó a la cama, acomodó mis piernas; sin quitarla hizo a un lado mi lencería de encaje negro y me penetró con la misma intensidad de sus besos. Se movía intensamente a un ritmo acelerado. Levantó mi blusa y recorrió mi abdomen con su mano, deslizó su mano bajo mi sostén y apretó mi pecho con fuerza.

Dio un jalón a mi brazo y me levantó con fuerza, tomó de mi cuello y me giro hacia la cama y aun con mi cuello en su mano dirigió mi torso hacia el colchón y me penetró, en frente de mi estaba un espejo, donde observé nuestro reflejo, mi silueta frente a el, me resultaba excitante ver sus manos recorriendo mi cuerpo, mi cintura curveada a un lado porque él se encontraba besando mi cuello, era la imagen mas perfecta.

 

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De repente me empujo de nuevo contra la cama y seguía embistiéndome con un buen ritmo, apreté la colcha con fuerza, era embriagante la sensación de su erección dentro de mi, no podía evitar gritar, aun sabiendo que afuera en la sala se encontraba su compañera de departamento.

Se detuvo para acomodarse en la cama y jaló de mi brazo para que me colocara sobre él, es mi parte favorita de nuestros encuentros.

Me coloqué sobre él, introduje en mi su miembro y me moví a un ritmo acelerado, me incliné hacia él para tener un mejor control y fluidez en mis movimientos, trataba de acelerar más y más mis movimientos al mismo tiempo que besaba su cuello y su pecho. De nuevo me incorporé y me moví mas lento, él tomó de mis pechos y los apretó ligeramente, yo puse mis manos sobre las suyas y apreté con mayor fuerza, él hizo lo mismo.

Mi cuerpo cosquilleaba y temblaba a la intensidad de un orgasmo que recorría mi cuerpo, al concluir el orgasmo me incliné nuevamente contra su pecho para descansar un poco mientras mis caderas hacían un movimiento leve, él me tomó por la cadera y me levantó ligeramente y comenzó a moverse a un ritmo descontrolado. Los dos gemíamos al unísono y después de unos minutos los dos nos venimos a chorros.

Después de un tiempo de estar tumbada sobre él, me levanté un poco y lo miré a los ojos…

-Hola ¿Cómo estás?- Me dijo casi jadeando.

-Bien ¿Y tú?- le conteste con una gran sonrisa burlona.

-Si la gente se saludara así mas seguido, el mundo sería mejor.

Él me dio una palmada en el trasero y los dos reímos.

Moretones

Desperté y abrí los ojos lentamente, me moví ligeramente y sentí dolor por casi todo el cuerpo. El dolor de cabeza dominaba, lo cual me hizo pensar que debería controlar más mi manera de beber, aunque en realidad Solo había tomado 3 cervezas y la que sería la cuarta me la quitaron a penas le había dado unos tragos.

A penas llegué a su casa me ofreció una cerveza, nos dirigimos a su cuarto y hablamos de cosas sin importancia mientras le daba un par de tragos a la cerveza, de pronto el se acercó y me besó, después me quito la cerveza y la puso sobre el escritorio. Continuó besándome hasta acostarme en su cama. Pasaba sus manos por mi cuerpo, sobre la ropa, sus movimientos no eran para nada sutiles.

Me levantó la blusa y mordió mis senos fuerte, me retorcí de dolor, pero no hice nada para detenerlo. Continuó besándome y mordiéndome por todo mi abdomen, se levantó para quitarse la camisa y se dejó su playera de Star Wars y continuó besándome y mordiéndome tan fuerte que giré para colocarme encima de él y lo besé por el cuello, levante un poco su playera y pasé mis manos por su pecho, recorrí todos los tatuajes que tenía a la vista. Él se levantó y me besó el cuello y mi escote mientras me acariciaba y desabrochó mi sostén para después acariciar mi espalda a todo lo largo de ella.

Le quite la playera y bajé hasta desabrochar su pantalón, después me quitó mi blusa, se puso de pie y jaló de mi mano.

-Arrodíllate

Me arrodillé frente a él de inmediato, él bajó su pantalón dejando libre su erección que saltó frente a mi cara, lo miré impresionada,

-¿Dónde guardas todo eso?

Él soltó una carcajada y tomó de mi cabello.

-Aqui es donde quiero guardarla

Tiró de mi cabello hacia él, poniendo su erección en mi boca y yo me traté de moverme al ritmo al que jalaba de mi cabello, pero sentía que me atragantaba, era demasiado grande y rápido para coordinarme, así que agité mi cabello para que me soltara y comencé a moverme a mi ritmo

-Así, lento me gusta

Me dijo entre gemidos, así que continué con mi ritmo y el sólo me guiaba hacia donde quería que llevara mi boca y después de un rato me ayudó a ponerme de pie, los dos nos quitamos los pantalones y nuevamente me puse sobre él, lleve sus manos sobre su cabeza.

-No te muevas. Le susurré al oído.

Comencé a besar su cuello y bajé por su pecho, mordí uno de sus pezones y el bajo las manos, yo nuevamente las llevé sobre su cabeza.

-Dije que no te muevas. Le dije con voz fuerte, apretando los dientes y después mordí fuerte su labio.

-Está bien, no me muevo.

Continué besándolo y mordiéndolo, pero estar quieto no era lo suyo así que quitó el pequeño trozó de encaje negro que cubría la parte inferior de mi cuerpo. Tomó de mi cintura y nuevamente me llevo contra la cama, con él encima de mi, me levantó un poco y se arrodilló para después llevar su cara contra mi sexo, mientras su lengua hacía lo suyo en mi clítoris, apretaba con ambas manos mis senos, sus movimientos eran descontrolados e intensos, hacían que me retorciera de placer, su bigote y su lengua hacían de aquel oral una experiencia casi insoportable, era demasiado el placer que sentía, tanto que me retorcía por toda su cobija peluda.

Se puso de pie, le dio un par de palmadas a mis senos y llevó su cuerpo sobre mi para nuevamente llevar su erección hacia mi boca, lo tomé con mis manos y mientras succionaba con mi boca, lo masturbaba con mis manos, mientras él llevaba su cuerpo hacia atrás, alcanzando mi sexo e introduciendo dos de sus dedos en mi.

Nuevamente se puso de mi y extendió mis piernas a su costado, por ambos lados y me penetro, con la misma sutileza escasa de todos sus movimientos anteriores, se movía rápidamente dentro de mi, era delicioso sentirlo, tan profundo, tan rudo y tan salvaje.

Puso sus manos en mi pecho y de vez en cuando los palmeaba con fuerza, no sabía si me excitaba mas de lo que me dolía o me dolía mas de lo que me excitaba, pero en ambos casos se sentía delicioso, su barbarie me prendía y me sacaba de onda a la vez, jamás había experimentado algo así, tan fuera de sí.

Me extendió su mano y me ayudó a ponerme de pie.

-Colócate ahí, con las manos sobre la cama.

Me molestaba un poco su dominación tan excesiva, sentía las ganas de llevarle la contraria, pero le di la espalda y agaché mi cuerpo sobre la cama, reposando mis brazos y cabeza en ella. Él me tomo de la cadera y me penetró tan fuerte como pudo, el sonido de su cuerpo chocando contra el mío era exagerado, sentía que sus compañeros de departamento podían escucharlo todo, incluso el edificio entero.

Como era de esperarse comenzó a palmear mi trasero como si me estuviera castigando de todo lo malo que en la vida he hecho, el sonido era aún mas exagerado incluido el dolor, pero mi nivel de excitación explotaba con cada golpe, incluso podía sentir toda mi excitación escurrir por mis muslos. Él tomó mi cabello y jaló de él hasta llevar mi cabeza completamente hacia atrás y metió su mano en mi boca y jaló un poco de ella hacia atrás y minutos después se alejó de mi.

-Ponte ahí frente al espejo

Puse las manos en el espejo sin obstruir la vista lleve mi pecho hacia abajo y abrí las piernas, desde el espejo pude ver la cara desde el momento que me penetro, cada palmada en mi trasero, el sudor que recorría su cuerpo, me estaba llevando por un mundo que no conocía y verlo a travez del espejo era excitante, mi cuerpo se prendía a temperatura que jamás había alcanzado.

Seguía penetrándome con tanta fuerza, me palmeaba el trasero y llevaba su pecho sobre mi espalda y apretaba con fuerza mis senos.

Me llevó nuevamente a la cama y me hizo otro oral, su cabeza se movía como un torbellino, casi no podía pensar, estaba totalmente entregada, mis culpas estaban abandonadas y mi placer era completamente suyo, para ese momento había perdido la cuenta de cuántos orgasmos llevaba y el tiempo parecía eterno, comenzaba a cansarme y me salían unos sonidos mezclados entre gemidos y jadeos, todo se convertía en algo pesado y mis movimientos se atontaban por el hormigueo de mi cuerpo.

Lo jale de los hombros y lo lleve a la cama y me puse sobre el, era mi momento de dominar, introduje su erección en mi y me moví tan rápido como pude, llevaba mi cadera de arriba hacia abajo rápidamente, quería acelerar el proceso, de verdad puse todas las fuerzas que me quedaban para moverme rápido.

-Que rico.

Llevé mi cara a su cuello y comencé a morderlo, lo besé por el pecho y llegué a sus pezones y los mordí, el saltó y me sonrió, arañé todo su pecho y cambiaba de movimientos, mientras apretaba mis músculos internos, los dos estábamos relajados, calmados y era igualmente delicioso, pero él me tomo de la cadera, me levantó ligeramente y comenzó a moverse como la bestia que demostró ser durante toda la jornada, los estábamos llegando al clímax, podía sentirlo… y lo sentí, todo culmino para los dos, fue delicioso.

Me acosté a un lado de el, el me abrazo y llevo su boca a uno de mis senos, era la imagen perfecto, mis tatuajes, los suyos, su cara en mi pecho, era perfecto, estuvo ahí jugando con mis senos un rato, se puso de pie me pasó mi cerveza, después de unos cuantos tragos y una platica absurda, nuevamente me la quitó de las manos y volvimos a empezar…

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Una noche dolorosa

Estábamos viendo una peli, era una tarde fría y el me había prestado su sudadera. Comenzó a besarme y el beso subía de tono, él se puso de pie y se dirigió a su clóset, de donde sacó una corbata negra, se acercó a mi.

-Dame tus manos

Lo miré extrañada y extendí mis manos hacia él, él tomó de ellas y me puso de pie, las puso detrás de mi espalda y comenzó a atarlas con la corbata

-¿Qué es lo que estas haciendo, loco?

Acercó su cara a mi oreja.

-Ya verás

Quitó las cobijas de su cama y me acostó en ella, me levantó la sudadera y comenzó a besar mis pezones, apagó la tele y fue nuevamente hacia el clóset y sacó otra corbata con la que me cubrió los ojos.

Comenzó a quitarme la ropa y se ponía agresivo con cada movimiento, comenzó a besar mi cuello pero la sudadera estorba un poco y la jalo para hacerse espacio, la jaló de cuello para incorporarme y la rompió del cuello, pero no pareció importarle, me giro boca abajo, separó mis piernas, puso almohada bajo mi abdomen y me penetró.

Con cada movimiento y acción tan ruda e impresa de fuerza, me sentía excitada y mas con la idea de no poderme defender de él.

Repentinamente fue nuevamente al clóset, esta vez no podía ver lo que había sacado, me desató de las manos y me quito la sudadera junto con mi blusa y mi sostén, amarró nuevamente mis muñecas y brazos haciendo mas difícil mi movilidad y nuevamente me acostó boca abajo, después de unos minutos de no saber que hacía, por fin supe que había sacado del clóset… un látigo que le regalé unos días atrás, lo supe con el primer azote que sentí y grité, pero como sus papás estaban en la casa metió su playera en mi boca, sentí el sabor de su loción y olía su hedor personal.

Continuó azotándome por varios minutos, trate de arrastrarme para escapar de los azotes, pero el se sentó sobre mi, impidiendo que me moviera. Cada azote era doloroso pero era un dolor que excitaba, que me volvía loca, quería morderlo, arañarlo y hacerlo mío con la misma intensidad con la que el me trataba a mi.

Me tomo de los hombros y me incorporó, pegó mi cuerpo contra la pared, el frío recorrió mi cuerpo por completo, jaló mi cadera hacia él para penetrarme por atrás, en cuanto lo hizo grité y mi cuerpo se movía involuntariamente, el trataba de mantenerme callada, pero entre el dolor y el placer, mi cuerpo reaccionaba por si solo, trataba de controlarme pero eran todas las emociones juntas, todas excitantes, todas intensas.

Desató ambas corbatas y por fin lo vi, lo toqué lo besé y me entregue como yo quería a él, arañando la pared, restregando mi cuerpo contra ella, buscando el frío del concreto para que contrarrestara el calor de mi cuerpo, que sentía que estaba a poco de arder.

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Me acomodó en 4 puntos y me penetraba con furia, con un ritmo acelerado, mi excitación estaba alcanzando el clímax, él lo sabia, me coloco nuevamente en la cama sobre mi espalda, enredé mis piernas al rededor de su cintura y comenzó a moverse, se inclinó hacia mi recargando su cuerpo contra el mío y mientras el me penetraba con tanta fuerza como podía yo arañaba su espalda, nuestros movimientos eran totalmente brutales. Él levanto su cara mirándome a los ojos con furia, como si me odiara, como si quisiera acabar conmigo, yo lo miré igual, yo si quería acabar con él, quería morderlo, quería montarlo, quería golpearlo, y lo hice, le di unas bofetadas y el comenzó a gruñir y se movía con mayor fuerza, se excitaba con cada acto que compartíamos.

Su sudor escurría hasta mi cuerpo, mi espalda se erguía, mis uñas se clavaban en mi espalda, me penetraba, sus movimientos aumentaban, fue tanta la furia que rompimos la sábana, aquella vieja sábana de rallas, ahora era una víctima de nuestra pasión desenfrenada. Todo culminaba junto con la vida de aquella sábana, todo fue tan divertido, tan salvaje tan desenfrenado y tan loco, a unos metros de sus papás, acabamos con todo en aquella habitación.

Saldo: Su espalda totalmente arañada, mi espalda adolorida y latigueada, una sábana, una corbata y una sudadera terminaron rotas, pero de algo servirán…

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El hermano de mi amiga

Cuando tenía 17 conocí a esta chica, pronto nos hicimos amigas inseparables, ella y yo nos llevábamos increíble, pronto nos hicimos como familia, me la vivía en su casa y conocía a toda su familia, incluido su hermano que en ese entonces tenía 20, yo moría por él pero el sólo me veía como la amiguita de su hermana, el tiempo pasó y nuestra amistad se hizo fuerte.

Era mi cumpleaños, ya habían pasado 10 años desde la vez que nos conocimos, mi amiga, su hermano, una amiga de su hermano y yo nos fuimos de antros a festejar mi día.

Esa noche se me pasaron los tragos, mi amiga decidió llevarme a su departamento, el cual compartía con Humberto, su hermano.

A la mañana siguiente desperté y en lo que mi cuerpo reaccionaba vi una nota a mi lado “Nena, tengo junta en Polanco, nos vemos en la tarde, no te vayas y comemos junta. PD Te dejé Aspirinas en la cocina xoxo M.”

Como pude llegué a la cocina y Humberto estaba ahi, a medio vestir con un pantalón medio viejo de pijama color azul marino, su cabello castaño claro muy despeinado con sus rulos medio esponjados y su barba como de 4 días, totalmente hermoso. Me miró con picardía y me extendió su taza de café.

-¿Qué…qué haces…aqui?

-Bueno, aqui vivo ¿Lo olvidas?

-No, pero…o sea…es viernes….¿No tienes que trabajar?

-Tengo un viaje de negocios mañana, me tomé el día libre, aparte mi hermana me dijo que te cuidara, aquí están las Aspirinas.

Me extendió la caja de Aspirinas y mientras sacaba una, él me servía un vaso de agua, bajé la mirada y cuando volví a mirarlo, el estaba parado frente a mi, mirándome con tanta sensualidad que poco podía mirarlo.

-Te sientan bien los cumpleaños

-Am…Gracias

Levantó mi cara por la barbilla y me besó, el beso rápidamente se fue apasionando y cuando noté él me tomó por mi trasero y me llevó a la barra y siguió besándome, hasta que tomó de mi cuello y lo empujo contra la barra, levantó la playera vieja que tenía puesta y besó mi cintura, mi cadera y siguió hasta mis muslos.

-No! Espera! Tú eres el hermano de mi mejor amiga!

Me miro fijamente y tomó de mis manos y ayudó a incorporarme, me miro y sonrío, después me quitó la playera y beso mis hombros y mis senos de una manera que poco podía contenerme.

Con ambas manos tomé y tiré de su cabello mientas su lengua jugaba co mis pezones. Él agarraba con fuerza mis muslos y de repente agarró mi trasero nuevamente y me cargó hasta su habitación.

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Una vez en su cama me quitó mi cachetero negro y se dirigió hacia mi sexo. Su lengua jugaba con mi clítoris y yo me volvía loca, su escaso bello facial me hacía cosquillas pero a la vez era el plus de mi satisfacción, me estaba guiando justo a un orgasmo, entre su lengua y su barba, me estaba retorciendo de placer.

Minutos después de un intenso orgasmo, él se levanto y se quitó su pijama, dejando a la vista su bien dotada erección, yo me incorporé y dirigí mi boca hacia su erecto miembro, lo metí en mi boca y lentamente comencé a succionar, lo introducía lenta y profundamente por mi boca, tratando de meterlo todo, me movía con un poco de rapidez mientras lo masturbaba con mi mano.

Lo miré a los ojos y el me tomo del cabello, tiro de mi cabeza y me beso apasionadamente, tirando de mi cabello me obligó a ponerme en pie y él se puso de pie conmigo, nuevamente tomó de mi trasero y me levanto y me puso contra la pared y ahí con mis piernas enredadas en sus caderas me penetro con fuerza, me aferré a su cuello para moverme, pero el me sostuvo de mis muslos y dio ritmo a nuestros movimientos mientras me detenía contra la pared, después de un rato de luchar contra la gravedad, baje una pierna y con ella me sostuve, él levanto alto mi otra pierna y me embistió fuerte contra la pared, se movía con tanta rudeza que mi cuerpo se encendía con cada azote de mi cuerpo contra la pared, golpe tras golpe me acercaba al orgasmo. Puse en punta mi pie, mi espalda se erguía y mi cabeza estaba totalmente hacia atrás, mi cuerpo ahora se controlaba solo en movimientos casi irracionales, él me seguía embistiendo con la misma fuerza mientras en mi fluía mi orgasmo hacia el exterior, estaba tan húmeda que mi aroma inundó la habitación.

Soltó mi pierna y dio un paso hacia atrás, dio un suspiro largo y me extendió su mano, la tomé con cuidado, estaba toda temblorosa, me jalo hacia el ligeramente, tomó de mi cara por la mandíbula y me besó con fuerza ruda, mordió mi labio y me aventó hacia su cama, enseguida se puso sobre mi, puso mi pierna sobre su hombro mientras acomodaba una almohada bajo mi cadera y me embistió con la mis ma fuerza, sentía como su cuerpo chocaba contra mi trasero una y otra vez. ME agarre fuerte de sus muslos mientas chocaba su cuerpo contra el mío con fuerza; de repente tomó mi pierna y la hizo a un lado, obligándome a ponerme boca abajo, tomó mi trasero y lo jaló hacia él y de nuevo me penetro, puso una de sus manos en mi hombro y con la otra me daba palmadas en el trasero, lo hacia con fuerza, pero con cada golpe, yo me excitaba más.

Por momentos mi mente conectaba y me acordaba de mi amiga, “¿Qué pensaría ella si supiera que me estoy tirando a su hermano?” De todos modos su hermano ya esta grande y sabe lo que hace, “Me estoy tirando a su hermano ¿En que demonios pensaba?” En medio de una guerra mental, sentí su penetración tan profundo que me salió un grito ahogado, claro y casi casi involuntario

-Oh si así

Soltó mi hombro y tiro de mi cabello

-¿Así te gusta?

Me dio pena responde, él acelero el ritmo y tiraba con mayor fuerza de mi cabello y se acercó a mi oreja

-¿Así te gusta?

-Am…sí

Me dio una palmada fuerte y me gritó

-Te pregunté algo

y volvió a azotarme con más fuerza

-¡SI! SI, ASI ME GUSTA HAZLO MAS RAPIDO!

Comenzó a moverse con un ritmo acelerado, chocando con fuerza contra mi trasero una y otra vez, sentía su sudor recorrer mi espalda, se movía más y más rápido, tomó de mis hombros y echó su cabeza hacia atrás mientras gemía, se estaba viniendo, yo estaba totalmente engarrotada, mi cuerpo estaba totalmente excitado, respondiendo junto con su orgasmo, se estaba uniendo a él, era una sensación exquisita, no quería que terminara, pero después de algunos segundos, su cuerpo se liberó del mío y se puso de pie.

Momentos mas tarde, cuando pude recuperar un poco mas de aliento, fui hacia la cocina por mi ropa y después me dirigí hacia el cuarto de mi amiga, él me esperaba afuera de su cuarto mientras me veía con sonrisa divertida, apenas si le podía sostener la mirada. Cuando pasé junto a él me dio una palmada en el trasero….

-Vamos, te acompaño a la ducha….

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